El acoso a deportistas femeninas: un problema que se repite y sigue sin respuesta clara
Varias futbolistas han tenido que cambiar de país o de club por culpa de acosadores. El deporte femenino arrastra un problema de seguridad que apenas se aborda.
El crecimiento del fútbol femenino en la última década ha traído contratos profesionales, estadios llenos y visibilidad mediática. También ha traído un problema del que se habla poco: el acoso persistente a las jugadoras, que en varios casos las ha obligado a abandonar un club o incluso un país.
Un patrón que se repite
Los casos conocidos comparten estructura. Un individuo desarrolla una fijación con una deportista, la localiza en los entrenamientos y en los partidos, la contacta de forma insistente por redes sociales y termina apareciendo en lugares de su vida privada. Cuando la situación se hace insostenible, la salida suele ser la misma: la jugadora se marcha. El acosador se queda.
Por qué las deportistas están más expuestas
Su agenda es pública. Cualquiera sabe dónde estarán un día concreto a una hora concreta, y el acceso a los recintos deportivos es mucho más abierto que en otros entornos laborales. A ello se suma la presión de los clubes por que las jugadoras mantengan una presencia activa en redes sociales como parte de la promoción, lo que multiplica los puntos de contacto con desconocidos.
El coste real
No es solo un problema de seguridad. Cambiar de club a mitad de carrera implica perder minutos de juego, adaptarse a otro sistema y, en muchos casos, alejarse de la selección nacional. El daño deportivo y económico recae íntegramente sobre la víctima, mientras que las consecuencias para el acosador rara vez van más allá de una orden de alejamiento difícil de hacer cumplir.
Qué se está haciendo
Algunas ligas han empezado a incorporar protocolos específicos: personal de seguridad asignado, restricciones de acceso a las zonas de entrenamiento y canales internos de denuncia. Varias federaciones trabajan con las plataformas digitales para acelerar la retirada de cuentas de acoso.
Son medidas útiles pero desiguales. Dependen del presupuesto de cada club, y en las categorías con menos recursos la protección es prácticamente inexistente. La crítica más repetida por parte de las asociaciones de jugadoras es que la respuesta llega cuando el caso ya es público, y no antes.
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