La cueva de Nutty Putty: la tragedia que llevó a sellar para siempre una caverna

La cueva de Nutty Putty: la tragedia que llevó a sellar para siempre una caverna

19 de julio de 2026 126 lecturas Daniel Torres Ríos

Un explorador quedó atrapado en una fisura de apenas 25 centímetros en 2009. Su historia cambió para siempre las normas de acceso a este tipo de cavidades.

La cueva de Nutty Putty tiene más de seiscientos metros de longitud y unos cuarenta de profundidad. En 2009, John Jones, de 26 años, se adentró en ella con un objetivo concreto: llegar a una cámara conocida como El Nacimiento, atravesar un agujero estrecho y salir por el otro lado.

El error que lo cambió todo

Jones se equivocó de pasaje. En lugar de tomar la ruta prevista, entró en uno llamado La Tumba de Ed. A medida que avanzaba, el espacio se fue estrechando hasta que quedó atascado en una fisura de apenas veinticinco centímetros de ancho.

Veinticinco centímetros es menos que el largo de un folio. En un pasaje descendente y boca abajo, esa medida deja de ser un dato geológico para convertirse en una trampa: el propio peso del cuerpo empuja hacia abajo y cada movimiento para liberarse tiende a encajar más.

Por qué el rescate es tan difícil

Los rescates en espeleología no se parecen a ningún otro. Varias razones lo explican:

    • El espacio no permite que los rescatistas se acerquen con equipo
    • La posición invertida complica la circulación sanguínea con el paso de las horas
    • Cada intento de tracción puede empeorar el encajamiento
    • La roca no se puede perforar sin arriesgar un derrumbe sobre la persona atrapada
    • El frío y la humedad aceleran el agotamiento

Lo que dejó el caso

La cueva terminó sellada definitivamente. Es una decisión poco habitual —lo normal es restringir el acceso o exigir permisos— pero en este caso se optó por cerrarla por completo.

La lección para la exploración

El caso se estudia como ejemplo de cómo un error de orientación puede volverse irreversible en cuestión de metros. En cuevas con pasajes que se estrechan de forma progresiva, la regla básica es no entrar de cabeza en un conducto del que no se conozca la salida, precisamente porque retroceder puede resultar imposible.

Las prácticas de exploración responsable insisten hoy en algo elemental: ir acompañado, informar de la ruta prevista y no improvisar en pasajes desconocidos.

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